Debemos ser estudiantes diligentes del manual de Dios (la Biblia) inspirado a través del Espíritu Santo. Y orar para que su Espíritu nos humille para someternos a toda verdad y mandamiento divino. La obra del Espíritu Santo es hacernos reflexionar sobre nuestro actuar "Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo mees crucificado a mí, y yo al mundo". Si nuestro orgullo no ha sido crucificado por el Espíritu Santo, no tomaremos en serio la Biblia y le daremos solo el valor de un manual y no nuestra norma de fe y conducta o la moldearemos para que se ajuste a nuestros propios deseos naturales

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